Agencia Nacional de Tierras se toma la Altillanura: arranca la transformación productiva del territorio

 


La Agencia Nacional de Tierras —ANT— bajo la dirección de Juan Felipe Harman sigue marcando el rumbo del desarrollo rural en el país con acciones concretas en territorio. En la Altillanura, una de las regiones con mayor potencial agrícola de Colombia, lideró una jornada estratégica de socialización de las Zonas de Desarrollo Empresarial (ZDE) reuniendo a más de 70 participantes entre campesinos, líderes comunitarios y actores productivos.

Este espacio permitió avanzar en la planificación de miles de hectáreas con vocación productiva, consolidando un modelo que busca ordenar el uso del suelo, fortalecer la economía rural y generar oportunidades reales para las comunidades. La jornada dejó en evidencia la necesidad de acelerar procesos que garanticen mayor productividad, organización y competitividad en el campo.

“Con este ejercicio nos vamos a encaminar en la ruta adecuada para llegar a ser esos empresarios y trabajar de la mano con las demás empresas que ya están en el territorio”, señaló Gina Fernanda Adrada, gerente de la Asociación Campesina Porcicultores La Cristalina.

Durante la actividad, se recogieron aportes clave sobre las condiciones sociales, económicas y ambientales de la región, insumos que permitirán estructurar políticas públicas más precisas y efectivas. La Altillanura, que concentra una amplia extensión de tierras con alto potencial agrícola, se posiciona como un eje estratégico para el crecimiento del país.

La ANT reiteró que las ZDE no solo buscan organizar el territorio, sino dinamizar la economía rural, atraer inversión productiva y garantizar que las comunidades campesinas sean protagonistas del desarrollo.

“Lo que estamos haciendo aquí es cambiar la forma en que se construye el desarrollo rural en Colombia. No más decisiones desde el escritorio: hoy se construye con la gente, desde el territorio y con resultados concretos”, afirmó Felipe Harman, director de la ANT.

El ejercicio también evidenció retos importantes: la necesidad de mayor presencia institucional, fortalecimiento del acompañamiento técnico y jurídico, y una articulación más efectiva entre entidades para que los procesos no se queden en la planeación, sino que se traduzcan en resultados visibles.

“Estamos hablando de productividad, pero también de dignidad para el campesino. De generar condiciones para que el campo deje de ser sinónimo de atraso y se convierta en motor de desarrollo”, agregó el director.

Las comunidades participantes coincidieron en que estos espacios representan una oportunidad real para incidir en las decisiones sobre su territorio, planteando propuestas orientadas a mejorar la organización productiva, el acceso a mercados y el aprovechamiento sostenible del suelo.

En conclusión, la intervención de la Agencia Nacional de Tierras en la Altillanura no es un ejercicio aislado, sino parte de una estrategia nacional que busca transformar el campo colombiano.

El mensaje es claro: sin planificación, participación y ejecución efectiva, no hay desarrollo rural. Hoy, la entidad avanza en cerrar esa brecha, apostándole a un modelo más productivo, ordenado y con futuro para las regiones.


Publicar un comentario

0 Comentarios