Abelardo va por el liderazgo de la derecha y por el fin del Centro Democrático

 



Columna de Opinión 

Por: Steven Liévano

El próximo 20 de julio no solo se elegirá la nueva mesa directiva del Senado. También comenzará a definirse quién ejercerá el liderazgo político de la derecha colombiana en los próximos años.

La disputa ya no es únicamente por un cargo. Detrás de la candidatura de Alfredo Deluque y de la alternativa representada por Honorio Enríquez se libra un pulso mucho más profundo: el de Álvaro Uribe Vélez y Abelardo de la Espriella por convertirse en el principal referente de ese sector político.

Uribe ha sido enfático en su rechazo a la posibilidad de que Deluque llegue a la Presidencia del Senado. Su argumento es que no resulta coherente respaldar a un dirigente que, durante el gobierno de Gustavo Petro, acompañó varias de sus iniciativas legislativas. Desde esa óptica, sostiene que el discurso de la llamada “extrema coherencia” pierde fuerza cuando las decisiones políticas parecen contradecir los principios que se defendieron durante la campaña.

Del otro lado, el equipo de Abelardo de la Espriella sostiene que Alfredo Deluque representa una candidatura con capacidad de diálogo y de generar consensos entre diferentes partidos, razón por la cual ha recibido apoyos provenientes de diversas bancadas.

Más allá de los nombres, el verdadero debate gira alrededor del futuro de la oposición. Si Deluque logra imponerse, muchos interpretarán el resultado como una demostración de que Abelardo de la Espriella ya tiene la capacidad de articular mayorías y disputar el liderazgo que durante más de dos décadas ejerció Álvaro Uribe Vélez.

No es un secreto que el Centro Democrático enfrenta uno de los momentos más complejos de su historia. La irrupción de nuevas figuras en la derecha ha fragmentado ese electorado y ha abierto una competencia que hace apenas unos años parecía impensable.

Desde una perspectiva crítica, considero que Uribe tiene razones para cuestionar la candidatura de Deluque si el criterio es la coherencia política frente al gobierno de Petro. Sin embargo, ese mismo estándar también debería aplicarse a quienes, tras hacer de la coherencia una de sus principales banderas de campaña, hoy respaldan una candidatura que para muchos representa precisamente lo contrario.

La política exige acuerdos, pero también consistencia. Cuando el discurso y las decisiones dejan de coincidir, la credibilidad empieza a erosionarse.

El 20 de julio no solo se elegirá al presidente del Senado. Ese día comenzará a conocerse quién tiene realmente la capacidad de conducir a la derecha colombiana en la etapa que viene.


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